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Los Jueces De Frente a La Batalla

(Por Padre José Lobatón, OFM)

El último libro del Pentateuco, se llama Deuteronomio o “segunda ley” corresponde a la obra narrativa “DEUTERONOMISTA” que es un bloque que va del LIBRO DE JOSUÉ al 2 de Reyes.

Para los judíos este bloque es llamado profetas anteriores. Es aceptado que la obra deuteronomista fue completada y actualizada en el destierro. El redactor de este libro quiso adoctrinar sobre el sentido real de la historia de Israel, desde la conquista de la tierra hasta la desaparición del antiguo Estado; y este sentido se resume para él en el reconocimiento de que Dios ha actuado manifiestamente en esta historia, al responder con exhortaciones y castigos a las deficiencias constantes y crecientes.
Y finalmente cuando aquellas resultaron ineficaces, con la destrucción total.

Desde la realidad del exilio, cuando Judá lo ha perdido todo (tierra, templo, rey, libertad), la obra deuteronomista es lacónica y tajante: todo esto es consecuencia de los pecados y solo cabe aceptar el castigo de Dios. No queda esperanza para el futuro.

En este libro los discursos son importantísimos para conocer la mentalidad del autor (o autores) deuteronomistas. Obsérvese con detenimiento el inicio y el final del libro: un discurso de Dios a Josué (1,1-9), y la despedida de Josué (23) animando al pueblo a servir a Dios y no emparentar con las naciones paganas.
En el paso del Jordán, se advierte una serie de confusiones por las diversas tradiciones que se han ido acumulando, sobre todo de origen sacerdotal (arca, levitas). La conquista de Canaán (6-11) sigue un esquema muy sencillo: primero se conquista el centro, por una parte mediante una campaña militar, (Jericó, Ay), en parte por un tratado con los gabaonitas y continúa la conquista del sur (10).

Dios veía a Moisés levantando sus manos con la vara en ellas. ¡Qué gran estímulo fue para las tropas que estaban a su cargo y para Josué que estaba liderando estas tropas, el ver a Moisés alcanzando el cielo a su favor! Se les recordaba cual era la fuente de su fortaleza y su fe en la batalla fue avivada.

Al principio vemos a Josué como un hombre joven. Está aprendiendo cómo involucrarse en la batalla. Llegará el día en que se convertirá en líder, y será quien dé las instrucciones. Él necesita todo lo que ha aprendido hasta este punto, para prepararse para ese día, para los próximos años cuando sea un líder y luego para sus últimos años de vida cuando deje un legado.

Un texto interesante sobre un incidente en la vida de Josué es Éxodo 17,8 : «Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.»

Los hijos de Israel acababan de salir de Egipto. Cruzaron el Mar Rojo. Dios les había provisto maná. Dios había provisto agua en el desierto. Dios estaba guiando a sus hijos con Su presencia y llevándolos a la tierra prometida.

Los hijos de Israel están siguiendo a Dios, y en medio de esto viene el enemigo y los ataca. Versículo 9 «Y Moisés dijo a Josué», ahora Moisés es el líder. Moisés es el hombre mayor. Moisés es el hombre que Dios ha puesto como líder para Su pueblo, y Moisés le dijo a Josué – hasta este momento no hemos oído de Josué.

Moisés dijo a Josué, «Escógenos hombres, y sal a pelear contra Amalec. La palabra escoger, «escoge hombres», es una palabra que significa, «hacer una elección cuidadosa, bien pensada.» En otras palabras, asegúrate de obtener a los hombres correctos. Escoge a los hombres cuidadosamente. Ellos estaban solo a once días de viaje de la tierra prometida.

El resultado o desenlace de esta batalla estaba determinado por la presencia, el poder, y la protección del Dios de Israel. Entonces porque su confianza estaba en YHWH, Moisés pudo delegar esta importante responsabilidad a un joven, en ese tiempo inexperto, que no era un líder probado para esta tarea.

Esta era una oportunidad para que Israel aprendiera que el Señor iba a pelear sus batallas, no era Moisés quien era grandioso para esta tarea. Era Dios quien era excelente, y ellos iban a ganar solo con Su fuerza y no con la de ellos.

En el versículo en Ex. 17,10: «Y Josué hizo como Moisés le dijo.» Esta es la primera declaración registrada que vemos por parte de Josué, y creo que esta frase revela mucho con respecto al carácter y al corazón de Josué. «Y Josué hizo como Moisés le dijo.» Y sucedió que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalec.» (vv.10-11) Josué lideró las tropas en la batalla contra los amalecitas, pero no es dejado solo.

Cuando Moisés levantaba su mano, Israel prevalecía. Cuando dejaba caer su mano, prevalecía Amalec. La batalla aparentemente tuvo muchos altibajos, pero esto no tuvo nada que ver con lo que Josué estaba haciendo en el valle.

Josué aprendió que la victoria no se obtendría por su propia sabiduría, su propio poder, su propia fuerza, sino por el poder de Dios. Y mientras viviera, no podría llevarse ningún crédito por haber vencido a los amalecitas, porque había sido claro que cada vez que Moisés levantaba su mano, los israelitas prevalecían, y cada vez que sus fuerzas decaían, y sus manos bajaban, los amalecitas prevalecían.

«Levantaré mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi Socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.» (Sal.121:1-2). Recuérdese que el nombre de Josué (yehoshua,Yhwh salva) es el mismo nombre que llevaría el salvador de Nazaret.

Entrevista al Cardenal Toribio Ticona

“Y el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14)