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Las Bienaventuranzas

(Por Jaime Sevilla)

Quisiera comenzar mi articulo de mensaje expresando mi gratitud a Dios, por haberme permitido estar en un lugar maravilloso como es el monte donde Jesús nos presentó la manera de cómo debemos vivir los seres humanos; sí, hablo del monte de las bienaventuranzas, localizado muy cerca de Cafarnaúm, el lago de Tiberiades y del lugar donde Jesús realizó la multiplicación de los panes en Galilea.

Personalmente, al meditar las bienaventuranzas, siempre descubro algo nuevo, sobre todo cuando trato de cumplirlas en el desarrollo de mi vida diaria. Leamos y escuchemos al Maestro:

Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:

“Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias.

Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes”. (Mt 5, 1-12)
Felices de espíritu pobre: generalmente una persona pobre aprende a vivir siempre confiando en la misericordia de Dios, no hay riqueza, fama o poder que lo esclavice.

Felices los que lloran: pareciera contradictorio de que Jesús llame felices a los que lloran, sin embargo, de todos es sabido que cuando una persona sufre, llora; siempre hay alguien que le lleva consuelo, ese alguien es Jesús a través de esa persona que se le acerca.

Felices los pacientes, es un llamado del Maestro a guardar siempre la calma, especialmente en los momentos de desesperación y angustias; cuando ha pasado la turbulencia de las situaciones, en nosotros surge esa paz interior y exterior. Y por eso, cada persona que sufre una situación, sin duda se acerca a nosotros para pedirnos consejo y nos volvemos un referente en la tierra.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia: Viene a mi mente las homilías de San Oscar Romero, nunca se cansaba de pedir y luchar para que todas las partes en conflicto en El Salvador, incluyendo la Jerarquía de la Iglesia Católica, hicieran justicia contra todo aquel pueblo que sufría la marginación, explotación, y muerte; llamado que recibimos todos el día de nuestro bautismo.
Felices los compasivos: si queremos que tengan misericordia de nosotros, tenemos que ser los primeros en demostrarla con todos aquellos que nos rodean; recordemos que cada uno siembra lo que cosecha.

Felices los de corazón limpio: cada vez que nosotros hacemos una acción, un negocio, una obra; tenemos que hacerla de una forma honesta, sin doble intención o interés egoísta.
Felices los que trabajan por la paz: para que una persona sea un emisario de la paz, tiene que vivir primero en paz, pues solamente de esta manera podrá transmitir esa paz a los demás.

Felices cuando por causa del Evangelio nos insulten, persigan y nos levanten toda clase de calumnia: significa que por fin nos encontramos en el camino correcto, ya que todo ello es una clara señal de que el Reino de Dios ha llegado a nosotros y lo vamos predicando a los que nos rodean.

María Santísima En El Calvario

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