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La Virgen María En La Vida De La Iglesia

(Por Obispo Elías Samuel Bolaños, SDB.)

La santísima Virgen María está presente y acompaña a la Iglesia, a la comunidad de discípulos, desde su nacimiento.

Por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice “que María y los apóstoles perseveraban en la oración” (Hech. 1, 14), para confirmar, primero que María compartía con la primera comunidad de discípulos y que recibió con ellos el Espíritu Santo en Pentecostés.

Para los cristianos, Pentecostés significa el inicio de la constitución de la Iglesia o comunidad, pues el Espíritu une a los pueblos y lenguas dispersas, reúne a los hombres de todos los pueblos y naciones, por eso se nombran los pueblos, porque es Espíritu hace un solo pueblo, una sola Iglesia; “todos los oían hablar en su propia lengua”, terminó la dispersión de Babel, dio inicio la Iglesia, el nuevo pueblo, el nuevo hombre, la nueva humanidad surgida por el soplo del Espíritu Santo.

Y ahí estaba María; así como en el inicio del nuevo orden con la Encarnación del Hijo de Dios, María es la protagonista, la mediadora de Dios para que su Hijo asuma nuestra condición, en el inicio del nuevo pueblo elegido, María está presente y anima la “ecclesia” nueva, la nueva humanidad llena del Espíritu de Dios.

En la cruz, María es entregada a Juan, como su madre. Y Juan se la llevó a su casa. María estará siempre en la casa, en la comunidad, en el templo. La casa de María en Nazaret es uno de los primeros centros de peregrinación y veneración para los discípulos.

Los primeros Concilios, cuando los Obispos se pudieron encontrar, tuvieron que discutir y definir el misterio de la Encarnación, el ser de Jesús, Hijo de Dios e hijo de hombre. Con ello también tuvieron que discutir la intervención, la presencia y la razón de ser de María y la conclusión y definición a la que llegaron fue: María es la “Theotokos”, la Madre del Hijo de Dios y la Madre de Dios.

Esta maternidad, María la ha ejercido muy discretamente. Visitando los pueblos y ciudades en todos los rincones de la tierra, se encuentran imágenes y títulos de la Santísima Virgen María, aparecida de muchas maneras y formas, en el inicio de la evangelización de dichos pueblos, que la tomaron como verdadera madre presente y animando la iglesia naciente en los diferentes pueblos y países, surgiendo así las diversas expresiones de la llamada “religiosidad popular”, que es una manera de la extensión de la comunidad de discípulos de Jesús en todos los pueblos y lugares de la tierra.

Por supuesto, una de las manifestaciones más fuertes y simbólicas de esta presencia de la Virgen en la historia del surgimiento y consolidación de la Iglesia, nacida en Pentecostés, es la aparición de la Virgen de Guadalupe. Pero existen muchas más apariciones y manifestaciones de la Santísima Virgen en tantos pueblos y países. Con ello la Virgen ha cumplido su papel de Madre y acompaña y cuida de sus hijos, de las nuevas comunidades o “ecclesiae” de todo el mundo.

Así la Virgen ha acompañado y está presente en la Iglesia, en la comunidad de discípulos, con los rasgos y rostros típicos de todos los pueblos, porque la Iglesia la componen “hombres de toda raza, lengua y nación...”, así la Santísima Virgen María ha asumido el rostro de cada raza y nación, porque ella está en casa de todos los discípulos de Jesús.

De modo particular, en el mes de mayo, la Iglesia esparcida en todas las naciones expresa su amor y devoción a María con tantas expresiones de verdadero amor filial, porque María está y la sienten como de casa, porque nos ha visitado, como visitó en su casa a su prima Isabel.

La Virgen nos proteja a toda la Iglesia con su manto maternal, Amén.

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