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La Vigilancia

(Por Jaime Sevilla, MAPM, M.Th)

La Vigilancia es la ventana mediante la cual estamos atentos a todo aquello que nuestro Señor quiere de nosotros, son los ojos que logran ver y avisarnos cuando nuestro pensar y actuar va separándose de nuestra relación con Cristo; La Vigilancia es la llamada de alerta que se nos brinda en una acción a realizar en un momento determinado.

San Pedro, en su carta, nos recomienda como esta Vigilancia debe ser constante: Velad y estad alerta, porque vuestro enemigo, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar, resistidle firmes en la Fe
(1 de Pedro 5, 8).

Santa Teresa de ávila recuerda a sus hermanas a nunca confiarse, ya que el verdadero problema es cuando pensamos que todo está bien y nos olvidamos de que somos de nosotros mismos que hay que cuidarnos: “Desasiéndonos del mundo y deudos y encerradas aquí con las condiciones que están dichas, ya parece lo tenemos todo hecho y que no hay que pelear con nada. ¡Oh, hermanas mías!, no os aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que se acuesta muy sosegado habiendo muy bien cerrado sus puertas por miedo de ladrones, y se los deja en casa..., pues quedamos nosotras mismas” (C10,1).

La Vigilancia nos hace ver como todo lo que nos rodea va separándose de esa Palabra de Dios, incluso nosotros mismos corremos el peligro de dejarnos arrastrar y traicionar a Dios y al hermano, debido al ambiente que nos rodea, por eso es necesario estar en Vela.

Nuestro Señor nos lo dice en varias ocasiones en los Evangelios, veamos una de ellas. Estando Jesús en el huerto, amonestó a sus discípulos: Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil»
(Mateo 26, 37-38).

La Vigilancia siempre va acompañada y se fortalece en la oración. La Vigilancia es aquella que nos ayuda a ver, tanto las cosas pequeñas como las grandes, como debe ser nuestra relación con Dios. La Vigilancia nos alerta de las tentaciones, de los engaños del enemigo, de la astucia que el espíritu del mal utiliza para hacernos caer y traicionar a nuestro Amado.

Sin la Vigilancia sería difícil llegar a la Vida Eterna; por eso, es una Gracia especial que siempre debemos pedir a Dios; ya que, ella es la que nos ayuda a adquirir ese equilibrio espiritual que todo cristiano debe tener.

Enzo Bianchi lo describe así: La Vigilancia es una cualidad que trae consigo un gran don de fuerza interior, y en retorno, esto produce un equilibrio: Repetidas ocasiones se nos ha pedido ser vigilantes, no solo de nuestra historia, del mundo en el cual vivimos, y de todo aquello que hay alrededor nuestro; sino también dentro de nosotros mismos, nuestro propio ministerio, nuestro trabajo, nuestra conducta personal y todo aquello con que nosotros entramos en contacto y establecemos una relación.

Nuestra vigilancia nos lleva a que Cristo reine como Señor en cada uno de los aspectos de nuestra vida.
(Bianchi, Ecos de la Palabra, # 5, pg 20).

Este es el propósito de la Vigilancia, llevarnos a Jesucristo y permanecer fiel a su amor; que reine en toda nuestra vida, en todo nuestro ser, ahora y siempre.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice muy elocuentemente: En Jesús “el Reino de Dios está próximo” (Mc 1, 15), llama a la conversión y a la fe, pero también a la vigilancia.

En la oración, el discípulo espera atento a Aquel que es y que viene, en el recuerdo de su primera venida en la humildad de la carne, y en la esperanza de su segundo advenimiento en la gloria (cfr Mc 13; Lc 21, 34-36). En comunión con su Maestro, la oración de los discípulos es un combate, y velando en la oración es como no se cae en la tentación
(cfr Lc 22, 40. 46). (CCC 2612).

Señor Jesús, danos la gracia especial de la Vigilancia para poder verte siempre en cada una de nuestras acciones cotidianas, para que el propósito de nuestra fe y conversión nos lleven a nuestra patria definitiva:
La Jerusalén Celestial. Amen.

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