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La Pérdida de Valores en Nuestras Familias Latinas

(Por Jaime Sevilla MAPM, M.Th)

Vienen a nuestra memoria aquellos tiempos en los cuales compartíamos con nuestros seres queridos, en los diferentes lugares, que nos vieron nacer o donde crecimos. De niños aprendimos el respeto, la solidaridad, el servicio, la fe, la responsabilidad, etc.

Muchos de nosotros esperábamos con alegría que llegara del fin de semana para salir a dar un paseo, asistir al Templo o simplemente pasar un momento hermoso con nuestras familias y amigos. Si a alguien de nuestra familia le pasaba algo, allá íbamos todos a ver en qué podíamos ayudar. Si algún vecino necesitaba alguna cosa, todos estábamos con un corazón dispuesto a apoyar en lo que fuera necesario; sin contar todos los diferentes juegos que jugábamos con nuestros amigos y amigas de infancia.

Todo nos parecía tan bonito, tan fraterno, tan especial; sentíamos que vivíamos dentro de un mundo maravilloso, en donde la convivencia y la alegría, formaba parte de nuestra vida cotidiana, y efectivamente así era.

Pero sucedió algo inesperado, situaciones externas que nos obligaron a emigrar del campo a la ciudad, y en muchas ocasiones, a otro país. Muchos de estos factores fueron la pobreza extrema, la falta de oportunidades, la seguridad de uno mismo, la corrupción en todos los campos, la búsqueda de un mejor porvenir, etc.
Sin embargo, cuando llegamos a este país, comenzamos a ser prisioneros de un sistema materialista, en donde lo más importante no es tener un trabajo digno para vivir, sino vivir para trabajar; ya que los diferentes compromisos financieros coartan nuestra libertad y nos sumergen en la esclavitud deshumanizada del trabajo diario en exceso.

Lo más triste, es que al dejar nuestra tierra que nos vio nacer, lo hicimos llenos de ilusiones, con la esperanza de dar un mejor porvenir a nuestras familias. Pero, debido a diferentes factores, muchos han visto frustradas esas ilusiones.

Por ejemplo, un padre o madre que deja a su pareja e hijos, al llevar tiempo solo en este país, termina por buscar otra pareja; fallando de este modo al compromiso e ilusión de aquellos que quedaron en su tierra, aguardando con esperanza, el amor y la promesa de que iban a tener a alguien que lucharía por cambiar esos estilos de vida.

Hubo traición, desilusión, abandono, de los que realmente eran importantes y valía la pena tan gran sacrificio. En muchos casos ya se perdió lo más importante, LA FAMILIA.

Pero no queda todo ahí, muchas parejas que tienen sus hijos se ven obligadas a descuidarlos y a veces abandonarlos, debido a las obligaciones que adquieren al sumergirse en un sistema consumista, haciéndoles adquirir deudas innecesarias; por tal motivo, tienen que tener hasta dos trabajos; olvidándose de esta manera de lo más importante, el tiempo que deben de brindar a su familia.

Esos hijos e hijas, al no tener el tiempo del ser que los ama, buscan llenar ese vacío con otras cosas, las cuales muchas veces los lleva a perder los principios con que sus padres fueron educados; terminan sumergidos en ambientes y amigos que carecen de esos buenos valores.

Muchos de las nuevas generaciones se han vuelto niños y jóvenes apáticos, violentos, mentirosos, irresponsables, sin ilusión en la vida, etc. En muchos casos, es muy triste ver como hay adolescentes que son presa de las drogas, el alcohol, las pandillas, pornografía, etc.

Todas esas acciones no son otra cosa que gritos de cada uno de ellos, pidiendo auxilio, reclamando el tiempo de los padres, de los abuelos, de los amigos verdaderos. Pero los padres están muy ocupados, trabajando arduamente para pagar sus deudas adquiridas, olvidándose de la responsabilidad más importante, sus hijos.

Algunas veces es tan triste ver a muchos padres sirviendo en la Iglesia, y descuidando su propia familia; muchos de ellos ni siquiera saben cómo andan sus hijos en la escuela, qué tipo de amigos tienen, que miran en las redes sociales, etc.

Pienso que ya es hora de despertar de ese ensueño de que los latinos tenemos esos grandes valores familiares; porque, aunque hay muchos que sí se preocupan por seguir cultivando esos valores con que fuimos educados en nuestros países; hay también un gran porcentaje que ya no les importa eso y terminan abandonando a sus propios hijos a la suerte de este sistema consumista y de libertinaje.

Muchos de los jóvenes ya no conversan ni con sus mismos hermanos o padres, otros pasan tan metidos en su tecnología, que el único amigo que nunca dejan es su celular.

Ya no hay respeto por las personas mayores, se les tilda de que son anticuados. Da vergüenza escuchar en las escuelas que los jóvenes latinos son los que más se pierden debido al acceso ilimitado que tienen a la tecnología, porque los padres no saben cómo manejarla ni restringirla.

Hasta en las mismas Iglesias pasa de que los niños, jóvenes y en ocasiones adultos, ya no ponen atención a lo que van por pasar jugando en su celular; no se dan cuenta que, con esto, están irrespetando un lugar sagrado. HEMOS PERDIDO NUESTROS VALORES, ESTAMOS PERDIENDO NUESTRA RIQUEZA, NOS ESTAMOS OLVIDANDO DE NUESTRA MARAVILLOSA TRADICIÓN FAMILIAR.

Hago un llamado a la reflexión, a realizar un alto en la vida y hacer un examen de cómo está nuestra vida, la de mi familia; seguramente encontraremos muchas cosas maravillosas, pero también muchas de las cuales no nos sentiremos tan orgullosos de ellas. El rescate de estos valores no depende de la escuela, la Iglesia, el Estado o los vecinos; solamente depende de nosotros mismos.

Que la sagrada familia de Nazaret nos ayude con su ejemplo e intercesión, Amén.

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