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La Paz Interior

(Por Jaime Sevilla)

Es el estado mediante el cual experimentamos el amor, la compasión y misericordia de nuestro Creador. Es la acción que nos lleva a descubrir que no hay problema grande, sino grandes soluciones.

Es la que te da la tranquilidad ante la adversidad de la vida. Es la que te brinda la serenidad ante los momentos de estrés y desesperación. Es la confianza que irradias ante los problemas y dificultades que se te presentan. Es la Presencia de Dios en todo nuestro ser.

La paz interior es un regalo maravilloso de Dios que logramos alcanzar después de lograr esa intimidad con El; entre más tratamos con Dios, más nos vamos conociendo a nosotros mismos; más nos vamos adentrando en nuestro yo; y es ahí, en ese Universo desconocido, donde nosotros iniciamos ese camino de perfección interior.

Esta vivencia y caminar no significa que este libre de dolor, dificultades, problemas, necesidades, dudas, marginaciones, etc.; dejaríamos de ser seres humanos; y son justamente estas situaciones en donde tenemos la certeza de que estamos en el camino correcto de adquirir esa tan anhelada paz interior.

Es más, todas esas situaciones de turbulencia interior son importantes que nos pasen, pues es ahí donde se va forjando nuestra vida espiritual y donde adquirimos la capacidad de ir desarrollando los diferentes componentes espirituales que nos van encaminando, poco a poco, a lograr esa paz que tanto anhela el ser humano.

Muchas veces podemos preguntarnos: ¿Se puede tener paz en medio del dolor, sufrimiento, marginación, miseria? La respuesta es SI. Toda vez y cuando nuestro ser esté unido al de nuestro Hermano Mayor Jesucristo.

Jesús es quien nos enseña que podemos tener paz cuando vamos recorriendo nuestro propio calvario. Jesús es quien nos demuestra que, mientras estemos unidos al Padre, podemos tener esa paz interior en los momentos de incertidumbre y desesperación. Jesús es quien nos invita a caminar con El, para liberarnos de todo aquello que tiene prisionero a nuestro yo. Jesús es quien nos anima, con su ejemplo y Palabra, a que no tengamos miedo de enfrentar todas nuestras imperfecciones y guerras interiores; ya que, con su Gracia, saldremos victoriosos y viviremos en paz; porque, El mismo, es el Príncipe de la Paz.

Cada ser humano, mientras viva dentro de este tiempo y espacio, estará siempre luchando las grandes batallas de su vida diaria; muchas de esas batallas traerán consigo todo tipo de sufrimiento, dolor, angustias e incluso desesperación; pero es ahí donde siempre debe prevalecer nuestra confianza, ya que debemos tener la certeza de que mientras estemos unidos a Jesús, siempre saldremos victoriosos; por muy grande y dificil que parezca de superar alguna de las situaciones mencionadas.

Es hermoso respirar la victoria espiritual alcanzada, cuando viene precedida por la fuerza del amor. Es bello experimentar los momentos de paz que logramos alcanzar después de cada batalla ganada; sobre todo, cuando ha venida precedida por la compasión y la misericordia. Es maravilloso vivir en esa paz interior genuina cuando tenemos la certeza de que estamos unidos a Cristo Jesús. Mientras estemos unidos a Jesucristo, nunca debemos de temer a nada ni a nadie; ni incluso a nosotros mismos.

Pero debemos de tener cuidado con los espejismos interiores, ya que muchas veces tienen la fuerza de auto engañarnos, de pensar o creer que vivimos en paz; cuando en realidad, en nuestro interior, siempre hay conflictos por enfrentar y resolver. Muchos de estos conflictos casi siempre se reflejan en el trato que damos a los más cercanos. Cada vez que ofendemos con nuestros pensamientos, palabras o acciones a otros, es una clara señal de que nuestro ser no vive en paz.

Cuando nuestra alma vive atormentada todo el tiempo, necesitamos ayuda para poder salir de ese estado. Pienso que es recomendable tener en esos momentos un buen amigo, una buena directora espiritual, un grupo de hermanos y hermanas, etc.; que ya viven esa paz interior; estas personas son los acompañantes idóneos para lograr recorrer nuestro camino de liberación interior exitosamente, y así adquirir nuestra tan anhelada y verdadera paz interior.

Ella es Nuestra Madre

Asimilación vs Inculturación