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La Inspiración Bíblica

(Por Padre José Lobatón, OFM)

Hay una afirmación clara y contundente que expresaron los Padres de la Iglesia en el Concilio Vaticano II que dice así: “La santa madre Iglesia, según la fe de los apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia”. (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 21).

Pero no nos imaginemos la inspiración como esas ilustraciones medievales o como en las pinturas del Renacimiento, donde encontramos una imagen muy frecuente.

Se ve a uno de los cuatro evangelistas que está escribiendo su Evangelio, con una pluma en la mano, con la cabeza inclinada hacia un lado como si estuviera a la escucha: junto a su oreja aletea una paloma, símbolo del Espíritu Santo que le susurra las palabras que ha de escribir. Probablemente el pintor pretendía únicamente expresar el dogma cristiano de que la Biblia está inspirada por Dios y que Dios es su autor principal. Sin embargo, esto no expresa realmente lo que es la Inspiración.

La fe cristiana no exige el sacrificio de la inteligencia, sino que compromete a la inteligencia humana para que reflexione sobre el dato de la Revelación y de razón de él.

Para empezar, el término inspiración viene del latín inspirare, que significa “soplar en/hacia adentro”. En el ámbito religioso, el término inspirar remite a la imagen del soplo divino, que es una manera figurada de referirse a la transmisión de la vida. Así por ejemplo, en el relato de la creación se lee que Dios “modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser viviente” (Gen.2,7). De igual origen es el término “espíritu[Santo](ruaj/pneuma/spiritus), que refiere al soplo, viento, aliento (que viene de Dios) y da vida.

Aplicado a la Biblia es importante tener en cuenta que el término inspiración, “soplar en”, insuflar” se refiere a la comunicación de algo vital a ciertas personas, por iniciativa divina. Está estrechamente relacionada a la presencia activa y orientadora de Dios en el seno de su pueblo, que se manifiesta explícitamente mediante la “iluminación” de determinadas personas que actuaban como guías e intérpretes de la voluntad divina.

Y esto es lo propio de la inspiración bíblica. Es la capacidad de reconocer, comprender e interpretar la Revelación como tal, y de transmitirla fielmente. Dicho en otras palabras, Dios guió a algunas personas de las que vivieron las experiencias a las que se refiere la Biblia, a reconocerlas, comprenderlas, interpretarlas como manifestaciones de la presencia orientadora de Dios, y a transmitirlas como tales.

Es así como Dios inspiró, es decir iluminó y guió las capacidades mentales, a determinadas personas para que reconociesen, por ejemplo, que el Éxodo de Egipto revelaba que Yahveh, es un Dios liberador y de la libertad, y no simplemente que era el resultado de la astucia de ese grupo de hebreos o de la debilidad de los egipcios. Inspiró a ciertos profetas a hablar en nombre suyo, de modo que orientasen a su pueblo por el camino de la Alianza. Inspiró a otros para que se dirigiesen a El por medio de Salmo.

En pocas palabras, la inspiración bíblica es un carismas o don de Dios a los “autores” desde la Tradición oral hasta la fijación de la Biblia que los guiaba de tal modo que reconociesen, comprendiesen e interpretasen determinados acontecimientos y vivencias, así como determinadas comunicaciones acerca de Dios y su voluntad, y los transmitiesen correcta y adecuadamente a su auditorio para su edificación y orientación en la fe a lo largo del tiempo, por el camino que conduce a la salvación.

La inspiración por tanto, refuerza nuestro entendimiento que la Biblia tiene como autor Divino a Dios y al autor humano, que es el escritor que vivió en una cultura y épocas determinadas, capaz de utilizar fuentes orales y escritas y que utilizó sobre todo su propio estilo y manera de escribir. (Pío XII Divino Afflante Spiritu, 1943).

Considerando al “autor” inspirado como también a la comunidad creyente en la cual Dios ha estado activamente presente, podemos entender 2 Tim.3:16-17 “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para instruir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

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