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La Humildad

(Por Jaime Sevilla)

Me encanta cómo Enzo Bianchi en Ecos de la Palabra se acerca a la Humildad en las siguientes frases: “La humildad es la madre, la raíz, la enfermera y la base de todas las demás virtudes, y es la que las mantiene unidas”, escribió San Juan Crisóstomo.

En este contexto, podemos entender por qué San Agustín ve “toda la disciplina cristiana solo en la humildad”. (Sermón 351.3.4. P. 146).

Al meditar en estas hermosas frases que Bianchi nos ofrece sobre la humildad, viene a mi mente aquella hermosa escena cuando la Santísima Virgen María tiene ese encuentro con Dios a través del Arcángel Gabriel, ya que después de entender un poco más la escena, desborda todo su ser en una de las más hermosas oraciones que tenemos acerca de la humildad: “María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz…
(Lc.1, 46-55).

Sin duda al comprender un poco la grandeza de Dios, no existe una mejor virtud que nos lleve a sumergirnos en el misterio Divino que la actitud humilde como creyente; la humildad es fruto de la oración del corazón y al mismo tiempo la que nos permite ver y seguir el camino de la Fe y Esperanza; hasta llegar a nuestra meta definitiva: La culminación en el Amor. El CCC dice: …

La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo y de los unos con los otros… (CCC #2631).
Nadie imagina la trascendencia del misterio Divino, mucho menos poder entenderlo en su momento, ya que escapa a nuestras capacidades; por eso lo único que nos queda es tomar la actitud humilde de la esclava del Señor; gracias a ella, podemos hoy en día comprender la trascendencia de aquel hecho, la de servir a los demás sin esperar nada a cambio. Cuando nosotros seamos capaces de comprender tal acción, entonces llevaremos a Jesús a todas aquellas personas con las que tratamos.

En mi oración personal he podido descubrir cómo la humildad es la luz mediante la cual ilumino mi vida cristiana en todos sus aspectos; es una luz en mi hogar, porque la humildad me lleva a resolver situaciones y descubrir la riqueza que muchas veces no sería capaz de ver y aceptar sin ella. En el trabajo, y aunque muchas veces me cuesta, la humildad me lleva a traspasar barreras que el orgullo quiere impedirme hacerlo. En mi ministerio parroquial, la humildad es la luz mediante la cual fortalezco la gracia de poder soportar las dificultades e iluminar las acciones que necesito tomar.

En mi vida personal, sencillamente sin la humildad, no podría descubrir, conocer y amar a Dios; mucho menos poder servir bien a mis semejantes y transmitírselo a ellos. Santa Teresa de Ávila lo expresa muy hermosamente: “La humildad y la generosidad van juntas. Pues la humildad que no entrañe en generosidad es falsa. Más que una virtud, es la esencia, por eso es la principal y las abraza a todas. (1M2,11).

Solamente dentro de la humildad experimentamos el gozo de servir a los demás, gozo que también será descubierto por aquellos que viven en este mismo espíritu, ya que nuestro gozo es también el de ellos; lo vemos claro en nuestra Madre, la Virgen María, en su visita a su prima Santa Isabel: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre (Lc. 1, 43-44). Ciertamente, la humildad nos llevará constante a descubrir a Jesús en los más vulnerables, este es el camino que nos lleva al Señor. Por eso Teresa de Ávila decía convencida: “El verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le llevare el Señor” (Camino de Perfección 15, 2).

La Encarnación es la primera prueba de gran humildad de parte de Dios, ya que al haberse despojado de su rango Divino y haber asumido nuestra condición humana, es algo que nunca creatura alguna pudo imaginar; mucho menos la culminación de esa acción, la cual pasaría por el sufrimiento del calvario y su muerte en la cruz.

Sin embargo, gracias a este gesto de humildad, la Naturaleza Humana es redimida y perfeccionada, o sea, divinizada. Por eso es por lo que todos aquellos que somos uno en Jesucristo albergamos la alegre esperanza de la Resurrección, ya que, al reconocer nuestras limitaciones, al sufrir las diversas humillaciones de la vida, es la mejor forma de prepararnos para la conquista de nuestra meta definitiva:
La Vida Eterna.

Ecos de la Palabra, Enzo Bianchi, Paraclete Press, September 1, 2013
Las Moradas del Castillo Interior, Linkgua, August 31, 2010
Camino de Perfección, Teresa de Jesús, Limovia.net, October 20, 2015

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