in

Asimilación vs Inculturación

(Por Jaime Sevilla)

Aunque muchas veces hemos oído hablar de estos dos términos y hasta hay documentos oficiales de la Iglesia en Estados Unidos que hablan sobre este cometido, cuando vemos la realidad de nuestras comunidades diocesanas y parroquiales, es un fenómeno que está lejos de ponerse en práctica.

Por un lado, la comunidad que lleva mucho tiempo desarrollando un estilo de vida de la fe, siempre quieren seguir anclados a ese estilo, ya que los cambios los aterra. Sin embargo, el Evangelio constantemente nos invita a ir cambiando los estilos de vida cómodos en los cuales vivimos. Todos los apóstoles tuvieron que renunciar a sus estilos de vida para seguir al Maestro, y aunque algunas veces ese nuevo estilo de vida o compartir les aterraba, sabían que era algo mucho mejor y seguían a Jesús incondicionalmente.

Pero es muy triste cuando hay Diócesis y Parroquias que se cierran a compartir la riqueza de la fe que los inmigrantes traen consigo, muchos párrocos y Obispos están más preocupados por los problemas financieros, de la pedofilia, ambición de poder, etc.; que compartir la mesa con nuestros hermanos inmigrantes que llegan a nuestras comunidades con esa nueva forma de vivir su fe.

He podido comprobar a lo largo de los Estados Unidos cómo hay pastores que simplemente ignoran o marginan a nuestros hermanos inmigrantes, y para algunos hasta se vuelven un serio problema. Entre algunos puntos que destacan son: es que los miembros de la comunidad blanca se molestan y entonces se van a ir de mi parroquia y son los que la sostienen. Otros dicen que Involucrarse con la comunidad inmigrante les llevaría a trabajar más y a poner en riesgo sus presupuestos. Algunos, que ya tienen una estructura organizada y que los nuevos “invitados” deben de adaptarse a ella; caso contrario, si no les gusta, que se vayan a otra comunidad.

Que tristeza y excusas tan anti-evangélicas, parece que muchos miembros de la Jerarquía de la Iglesia Católica de los Estados Unidos de América no pasan de ser simples administradores de empresas, se les olvidó que la misión principal de la Iglesia es la Pastoral; creo que se equivocaron de vocación, ya que como pastores dejan mucho de qué hablar, aunque que muchos son muy buenos administradores de empresa y acutan en sus Iglesias como tales, porque todo lo resumen a negocios solamente.

El mensaje de Salvación, el anuncio del Reino de Dios, la acogida al extranjero; con esa actitud y trato, quedan en segundo o tercer lugar. Se ha perdido el horizonte y la misión para la cual Cristo fundó la Iglesia, no somos conscientes que esas actitudes de asimilación, tarde o temprano, nos está llevando a tener un éxodo mayor que el de la pedofilia en la Comunidad Católica Latina de USA .

Cada vez que me acerco a un inmigrante y le pregunto cómo se siente en su comunidad de fe, casi oigo la misma respuesta: “Simplemente nos marginan, nuestra voz no vale nada, nos imponen todos sus programas sin importarles nuestras necesidades y realidades. Nuestros jóvenes no se sienten bienvenidos y los estamos perdiendo”. Al preguntarles algunos de ellos por qué es que no se reúnen con los grupos ya existentes en inglés, la gran mayoría respondió: “Es que no nos entienden, tenemos realidades diferentes, familias diferentes, necesidades diferentes.

Mientras ellos hablan de temas que no tienen nada que ver con nuestras realidades, a los demás no les importa lo que nosotros sentimos, sufrimos o pensamos; yo no creo que tenga un espacio en esta Iglesia.”

Por otra parte, también es cierto que tanto la comunidad local como la inmigrante, tenemos que ir construyendo puentes en donde podamos aprender de la riqueza de una y otra comunidad; pero sin colonización por parte de ninguna de las dos; debemos de crear un comité creativo que explore las vías factibles para llegar a formar el cuerpo de Cristo, al cual, por el bautismo todos estamos llamados a hacer una realidad; pero con un corazón sincero, con una actitud de discípulo y por ende de servicio; no con una actitud segregacionista o marginadora, sobre todo entendiendo que todos somos hijos de la misma madre y que compartimos un mismo bautismo; por tanto, tenemos la misma dignidad, y aunque seamos diferentes, somos hermanos y hermanas.

El Papa Francisco, en su mensaje al episcopado en la JMJ de Panamá, les decía a los obispos algunos elementos que el Sínodo sobre los Jóvenes nos llaman a considerar para valorar y abrirnos al inmigrante:

“Acoger, proteger, promover e integrar” a las comunidades inmigrantes pueden ser los cuatro verbos con los que la Iglesia, en esta situación migratoria, conjugue su maternidad en el hoy de la historia (cf. Sínodo sobre los Jóvenes, Doc. final, 147).

La Paz Interior

Mensaje Del Santo Padre Francisco Para La Cuaresma 2018